miércoles, 26 de octubre de 2011

II

-¿Aún me amas?
-No, pero te quiero mucho y me divierto mucho contigo.

Solo sentía mi corazón latir muy rápido, como la sangre circulaba con más velocidad, me mareo, los oídos sienten un zumbido muy fuerte y caigo al piso, sin que ella se dé cuenta pues la conversación fue por teléfono, se corta la llamada y ya no sé nada de mí hasta que escucho a lo lejos mi nombre pronunciado de los labios de mi hermana.

-¿Qué te pasó?
-Nada simplemente estoy muy estresado, el trabajo se vuelve más intenso cada vez.

   El día pasa normal pero en mi cabeza aún escucho la vibración de las palabras que había pronunciado, le pido a mi jefe mis vacaciones y salgo de viaje por unas semanas, intentando despejarme. Salgo rumbo a los Cabos en Baja California Sur, a solo dos horas de vuelo de la mujer que amo, salgo a caminar a la orilla de la playa, disfrutando del paisaje, de los turistas, de los bares, y aún rodeada de todo eso me sentia opresivamente sola, no me gustaba el sentimiento de no tener con quién compartir la caminata, el paisaje, no tener  a quien decirle mis ideas o a quien escuchar, fue entonces que saque el celular y lo miró con ganas de marcarle pero tomo otro número y charlo con una amiga de cosas banales, le cuento acerca de lo bonito que está el lugar, de lo mucho que extraño estar trabajando cuando apenas llevo dos días en mis vacaciones y termino sacando a  la conversacion mis sentimientos, al darme cuenta de esto decido terminar aquella llamada y regreso al hotel, recostado en la cama me pongo a pensar en muchas cosas acerca de mi vida, de su vida y de nosotros, la depresión empieza a atraparme y decido llamar a una amiga y la invito a cenar, aceptando mi invitacion dispongo de arreglarme y salir del hotel en busca de ella.
     Llegando al malecón veo a una mujer hermosa en la orilla de éste, sonrío cuando veo que camina hacia mí con el ademán de abrazarme, es una gran amiga de hace tiempo que en eso momentos radicaba ahí.

-Si cada vez te ves más viejo de lo que es tu edad!- dijo dandome un abrazo muy fuerte y besando mi mejilla.
-Es el trabajo, me refugio en el cuando no tengo a donde ir
-¡Pero mi amor siempre me tendrás aquí para tí!
-No, todos los días tengo el dinero para venir hasta los cabos a verte.

Caminamos a ver los restaurantes que estaban a la orilla del playa escogiendo uno al que anteriormente habiamos ido, muy rústico el lugar, con pocas mesas, velas en vez de lámparas que iluminaban el lugar, meseros muy amables y una chef muy especial que hacia de todo en esa pequeña cocina. Pláticamos en lo que el mesero se acercaba a pedir la orden, sobre nuestras vidas, logrando distraerme mucho con su sentido del humor ya que ella pareciera que solo sabía reír y coquetear con la gente, el lugar un tanto romántico hacia que la cena fuera más amena y mis ideas se esfumaran más rápido con aquella persona a mi lado, de repente empezó a platicarme acerca de algunos lugares a los que había ido, uno de ellos era La Malinche en el estado de México me comentó de este lugar debido a la cercanía que tenía yo con esto y que al mirarme dijo que me vendría bien visitarla, pues contenía una mucha energía que a mi no me haría nada mal sentir, aparte me hacía falta estar solo es lo que ella decía. El mesero se apróximo para tomar la orden y enseguida pedimos los alimentos, cenamos y nos despedimos, la llevé hasta su casa e inmediatamente me fui al hotel.
    Me acosté y mis pensamientos volarón al recuerdo, el ¿por qué no está aquí? ¿Qué hice mal? ¿En que se equivoco ella?, me alisté para tomar un baño caliente e inmediatamente después de esto me quedé profundamente dormido.
  Voy caminando a través de una montaña donde no hay nada, ni siquiera árboles solo una inmensa oscuridad que cubría el paisaje, me absorbia a mí y me insitaba a solo caminar en busca de alguna luz, de repente solo escucho tu voz a lo lejos, en  eco y de forma repetida, me asusto tanto que empiezo a correr, el susto no es por si algo me pasará sino del saber que estás ahí y algo puede sucederte, te busco entre tanta oscuridad y no estas, de repente solo siento como caigo y me despierto, asustado sudando, me he dado cuenta que estoy ardiendo en fiebre y que ya es muy temprano, sé que no podré salir a disfrutar esa tarde y me quedo en el hotel esperando que la fiebre desaparesca pues no tengo nadie que me ayude en esos momentos.

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